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Este espacio surgió como un lugar de encuentro e intercambio, para todos aquellos a quienes les interesa la educación desde la más temprana edad. Está pensado para aportar a maestros y estudiantes, pero también a padres, abuelos, tíos... Espero que lo enriquezcan con sus aportes, de los cuales seguramente todos nos nutriremos.

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lunes 11 de julio de 2011

“En los niños del preescolar está la clave de una transformación educativa”



Los procesos de aprendizaje comienzan cada vez más temprano. Sin embargo, las reformas educativas desatienden ese momento inicial de encuentro entre niños, padres y maestros.








PorFabián Bosoer









Entrevista a David Kirp

Nacionalidad: estadounidense

Actividad: Profesor de Políticas Públicas en la Universidad de California, en Berkeley

Autor de varios libros sobre reformas en la educación y columnista en diarios y revistas, fue asesor del presidente Obama.






¿Es posible transferir experiencias e iniciativas de reforma educativa en los Estados Unidos a la realidad argentina? David Kirp, especialista de la Universidad de Berkeley en políticas públicas y educación, señala que sí, siempre y cuando contemplemos las diferencias de contexto y coloquemos el foco en la educación inicial. “Kids first”, repite como un slogan que es, en realidad, el título de su último libro: “Los niños primero”, antes incluso de la escuela primaria. Es que según Kirp, en el proceso de aprendizaje todo comienza entre los 3 y los 5 años y sin embargo carecemos de una política integral que atienda ese segmento de futuros educandos. Los tenemos esperando durante un tiempo precioso para que empiecen a desarrollar aptitudes intelectuales y emocionales, compartir y aprehender el mundo que empiezan a descubrir.

Comenzando desde ahí, sostiene, es posible integrar en una misma dinámica a padres, hijos y docentes. Kirp, que fue decano de la Golden School of Public Policy y asesor en el área educativa del presidente Obama, es autor de varios libros y escribe en revistas especializadas. Estuvo en Buenos Aires y Viedma, donde dictó conferencias invitado por la Universidad Di Tella y la Fundación Fullbright.

¿De qué manera se relaciona la educación más temprana con el potencial de desarrollo de un país? Le respondo contando una investigación realizada en los EE. UU.: se tomó un grupo de chicos de 3-4 años que estaban en un programa muy bueno de educación temprana en los años ‘60 y los compararon con un grupo de chicos elegidos al azar. La única diferencia era que éstos no tenían esa experiencia de base inicial. Cuarenta años más tarde los primeros tenían más probabilidades de no haber repetido un grado, de no haber sido enviados a una clase de chicos que tienen detrás problemas mentales o emocionales; más probabilidades de terminar el secundario, de ir a la universidad, de estar trabajando, de no estar dentro del sistema de asistencia social, de no haber estado en la cárcel, de tener buena salud y estar ganando un promedio de 25% más que el otro grupo que no tuvo la misma experiencia. Esto me motivó a trabajar sobre la cuestión y preguntarme hasta qué punto el preescolar no se había convertido en los últimos años en una iniciativa de política educativa fundamental. Hablé con funcionarios públicos estatales, y activistas y docentes de educación inicial y universidades, mucha gente distinta. Treinta y cinco responsables de grandes organizaciones, 3.500 representantes con una conexión nacional.

¿Cuáles fueron los resultados? Gracias a esa experiencia terminé trabajando en el equipo de transición del presidente Obama en los meses entre su elección y el momento en que asumió. Teníamos que organizar la agenda y darles coherencia a las políticas que se habían elaborado para la campaña. Había solamente siete personas en el equipo dedicados a la política educativa. Pero hubo quizás unas 150 organizaciones que querían hablar con la gente de Obama porque pensaban que no les habían prestado mucha atención durante la administración Bush. Estaban todos: atención a niños, apoyo a padres, educación vocacional, programas de capacitación para el empleo, escuelas parroquiales, escuelas católicas, etc. Todos vinieron interesados en su aspecto particular, todos tenían su relevancia, pero era un gran grupo dividido en muchas, muchas partes y nadie pensaba en cuál sería una agenda convincente para los niños. Convincente, accesible y con posibilidades de ser implementada. No sólo ideas bonitas, sino que fueran factibles, que se pudiera tener una confianza razonable en que se podían implementar. Y de ahí salió la idea de “Kids First”.

“Los niños primero” … Suena a slogan de campaña. ¿De qué modo se puede transformar un sistema educativo desde cada niño en edad escolar? En Argentina como en Estados Unidos, hay expertos en educación temprana, en escuela primaria, secundaria, gente especializada en universidades, que se especializa en bienestar infantil o en programas de salud infantil, u otros planes, pero no hay demasiada gente que trate de integrar todas esas etapas y especialidades en un plan educativo. De eso se trata: tradicionalmente, la política orientada a los niños se ha concentrado en los más pobres, mientras que las familias de clase media también necesitan ayuda. Una política que beneficie a los niños desde la cuna hasta la universidad, a través de todos los estratos sociales, tiene más probabilidades de contar con apoyos mayoritarios y tener mejores resultados.

¿Cuál es el elemento distintivo de esa propuesta? ¿En qué se diferencia de tantas otras iniciativas? La diferencia está en el punto de partida: miremos al niño. Trabajemos a partir del niño. No empecemos por los establecimientos escolares, por alguna organización u oficina burocrática: vayamos al sujeto.

¿El “sujeto” es el niño en la edad de escolarización primaria? Antes, en el preescolar está la clave de una transformación educativa. Ahora en Estados Unidos, se aprende a leer, escribir y desarrollar habilidades ya en jardín de infantes. Lo cual puede parecer una locura, pero es así. Se trata de buscar cosas realmente buenas que les ocurren a los chicos. Lo que nosotros llamamos “game-changers”, cosas que realmente significaran un antes y un después para los chicos. Y entonces viajé por todo el país como lo haría un periodista o un investigador buscando experiencias innovadoras que pudieran aplicarse a escalas mayores.

¿Qué es lo que encontró? Empecemos por la noción de que el rol de los padres es fundamental. No se puede elaborar un sistema “a prueba de padres”. Y los padres necesitan ayuda para saber cómo darles lo mejor a sus hijos. Por ejemplo: para hacer un estudio en Estados Unidos comparamos la cantidad de palabras que se le dicen a un niño desde que nace hasta la edad de 4 años. Comparé profesionales, clase media, clase trabajadora, familias en la asistencia social. Y descubrí que la diferencia de palabras que oye un chico en ambiente profesional y un chico de las familias más pobres es de varios miles menos. El vocabulario del hijo de profesionales era más amplio que el de un padre de familia pobre. Se puede seguir el desempeño de los niños y definir un pronóstico: si llega a la escuela sin palabras en un mundo donde las palabras son valoradas, puede no irle tan bien como si llega a la escuela bien preparado. Además, la mayoría de las palabras que los padres profesionales usaban con sus hijos eran palabras de apoyo, alentadoras. La mayoría de las palabras que usaban los padres más pobres eran de castigo y de disciplina. Muchos: “bueno”, “fantástico” entre los profesionales, o “mirá eso”, si van viajando en un autobús, “mirá a la mujer que está ahí, ¿cómo llamás lo que tiene alrededor del cuello?, ¿de qué color es?”, ese tipo de cosas. Y los más pobres usan palabras que tienden a controlar a los chicos: “No hagas eso” “Sentate”, “Callate”.

¿De qué manera se revierte esa desigualdad en el punto de partida? No se pueden superar totalmente esas diferencias, pero se puede ayudar a disminuirlas. Hay herramientas muy efectivas de apoyo para todas las personas con las que podría hablar un padre sobre sus hijos: además de la maestra, el médico, el pediatra, lo que llamamos “mentores”. Y hay estrategias para tratar todos los problemas que los padres comunes tienen con sus hijos: “mi hijo no duerme, mi hijo no come. Mi hijo grita. Mi hijo contesta, mi hijo se porta mal en la escuela, mi hijo golpea a otros chicos, a mi hijo lo golpean otros chicos”. “No sé si mi hijo tiene un desarrollo lento”. Todos los padres deben lidiar con todas esas cosas. De lo que se trata es de poder cambiar la cultura de los padres, dando ese tipo de apoyo para estimular a los chicos en una educación infantil temprana de alto nivel.

¿Qué significa a esa edad una educación “de alto nivel”? La gente empezó a dejar de pensar en los niños como si fueran una masa amorfa o recipientes que llenar, que sólo juegan y que el aprendizaje empieza cuando van a la escuela. No hay nada más alejado de la verdad. Desde el momento en que nacen ya notan a alguien en la habitación. Es el momento en que el desarrollo cerebral es mayor, en el que la exploración está en su mayor nivel. Yo creo que los chicos son pequeños exploradores. Pensemos en ellos como pequeños Magallanes, pequeños Darwin que circulan en sus pequeños “Beagle”. Y van a florecer realmente con el tipo de estimulación apropiada y con el estímulo adecuado de experiencias para el análisis de resolución de problemas.







Copyright Clarín, 2011. 10/07/2011

martes 6 de julio de 2010

jueves 1 de octubre de 2009

La enseñanza de las ciencias sociales en el nivel inicial


Por Lic. Silvia Marcela Mazza



¿Qué hay que enseñar de las ciencias sociales?

Las nociones que se enseñan en la escuela no son iguales a los que se producen en el área de la ciencia, las que utilizan los historiadores, los geógrafos, etc., sino que los contenidos de la enseñanza resultan de la transposición didáctica, es decir que se ha ido transformando ese conocimiento científico (conocimiento erudito) en un conocimiento adecuado a la comprensión de los alumnos (objeto de enseñanza).
En este proceso de transformación no debe perder de vista el marco teórico metodológicos del docente, la actitud del maestro debe convertirse en un replanteo de las prácticas, donde debe ordenar objetivos, métodos y competencias a modo de posibilitar que los contenidos sean aprendidos por los alumnos.
En la enseñanza tradicional de las ciencias sociales, la labor docente se reducía a nociones definidas y establecidas según criterios casuales, como la cronología y la distancia espacial, segmentado por las fechas y hechos por un lado y lugares y kilómetros por otro.
Hoy los docentes debemos asumir un nuevo modelo educativo, esto implica un proceso de investigación y perfeccionamiento continuo.
La sociedad, el tiempo, el espacio y las normas son conceptos fundamentales en las ciencias sociales.
Las ciencias sociales estudian las sociedades concretas y sus problemáticas en relación con los tiempos y espacios que ellas mismas generan. Se investiga el pasado porque permite comprender el presente.
El tiempo y el espacio son dos variables fundamentales que implican la comprensión y asimilación de la realidad social. La conexión sociedad - naturaleza se construye históricamente debido a que el tiempo y el espacio se han ido modificando y transformando.
Es preciso conocer también las normas, para poder comprender el modo en que los hombres se relacionan en cada sociedad.

Ahora bien ¿qué se enseña en el nivel inicial?

El niño pequeño conoce evidentemente su entorno más inmediato, su familia, su barrio, su ciudad, por lo que todo lo que está alejado en el espacio y en el tiempo les resulta muy difícil de comprender. Para ellos, las cosa, van a seguir siendo siempre iguales, no se han producido modificaciones, siempre las cosas fueron así.
Los niños perciben la historia como piezas aisladas, como sucesos desconectados y la enseñanza que se practica favorece notablemente a ello. El niño establece asociaciones ciegas de fechas y nombres que no le dicen nada porque existe una gran dificultad para entender lo que está muy alejado en el espacio y en el tiempo.
E l ambiente proporciona datos históricos y sociales y una de las misiones de la escuela debe ser enseñar al niño a identificarlos y a descubrirlos.
Hay que enseñar las ciencias sociales tratando de empapar al alumno en el ambiente social y ayudarlo a entenderlo. Cada aspecto de la vida social puede dar lugar a preguntas y a problemas que pueden servir de punto de partida a investigaciones que los niños realicen.
Muchas veces los docentes preferimos el lucimiento de las obras, de las actuaciones sobre el escenario y dejamos de lado el hecho de que el alumno incorpore y comprenda los hechos históricos, por medio de trabajos de investigaciones en la sala o con la ayuda de sus padres.

¿Cómo seleccionamos los contenidos?

Los contenidos en esta área comprenden tres ámbitos: los conceptos confeccionados por las distintas disciplinas, los procedimientos que abarca el modo en que se construyeron esos conocimientos y las actitudes que son los valores y normas.
Elegir y examinar los contenidos es establecer una relación entre la razón de la ciencia, las particulares psicológicas de los alumnos, y la intencionalidad del docente.
Tenemos la oportunidad, en el jardín de infantes, de poder poner un poco de coherencia a tanta información que sobre todo arroja las efemérides patrias, y no tomar los contenidos en forma aislada sino que hay darles un seguimiento cronológico de hechos y de sucesos partiendo de nuestros aborígenes, continuar con las colonizaciones, avanzar con los sucesos ocurridos en la época colonial, abarcando semana de Mayo- símbolos patrios – la independencia, para concluir en el hoy, nuestra fecha actual. Esto permitirá que el niño incorpore paulatinamente conocimientos, teniendo en cuenta la articulación entre sujetos sociales, espacio social y tiempo social.

martes 23 de junio de 2009

Maltrato infantil



Viviana Taylor





Aunque Argentina no tiene estadísticas confiables sobre la gravedad del fenómeno, podemos afirmar que la modalidad de maltrato que creció más fuertemente es el abuso sexual, un problema que deja secuelas para toda la vida y que, si no se trata adecuadamente y a tiempo, puede llevar al chico abusado a convertirse en abusador.
El Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia tiene registrado el abuso sexual como el principal problema de los chicos a los que asiste. La misma tendencia se detectó en la Oficina de Asistencia a la Víctima del Delito de la Procuración General de la Nación. Y aunque la explicación clásica de los expertos en violencia familiar indica que no aumentan los casos de maltrato infantil, sino que ahora son más detectables por médicos, maestros y psicólogos, y más denunciados por las familias, lo cierto es que diversos informes del Congreso insinúan que el problema del maltrato y abuso de chicos es mucho mayor que el conocido: se piensa que por cada caso denunciado hay 10 que son tapados. Y aunque en los sectores económicos más bajos hay una mayor cultura de la denuncia, en otros suele haber una tendencia a ocultar el problema.

Este tipo de abuso tiene varias caras: puede haber contacto físico o no, y las víctimas pueden ser mujeres o varones. El abusador puede ser de cualquier clase social, vivir en la ciudad o el campo, tener cualquier profesión, raza, religión, opción social o estado civil. A pesar de que no existe un prototipo del abusador, reúnen algunos rasgos comunes. En su gran mayoría, son personas conocidas del chico, aparentemente normales, que recurren al engaño para conquistar la confianza de las víctimas. Algunos amenazan, y otros dan premios u otorgan privilegios de distintos tipos. El violador establece una relación en la que quiere hacer valer su autoridad y poder. Buscan por lo general a chicos menores de 13 años, edad en la que empiezan a ofrecer resistencia. Sin embargo, aunque en menor número, no son pocos los adolescentes abusados.
En el caso de estos, se pueden manifestar como síntomas: falta de confianza, aislamiento, fugas del hogar, depresión severa, promiscuidad. Y aunque estos síntomas por sí solos no son suficientes para validar el diagnóstico de abuso sexual, es importante que sean tenidos en cuenta para la consideración de tal posibilidad.

Otras formas comunes de abuso son:
Maltrato emocional: conductas de padres o cuidadores tales como insultos, rechazos, amenazas, humillaciones, desprecios, críticas, aislamiento, atemorización. Pueden causar deterioro en el desarrollo emocional, social o intelectual del niño.
Negligencia: cuando las necesidades básicas del chico (alimentación, higiene, seguridad, atención médica, vestido, educación, etc) no son atendidas por ningún adulto. Trasladado a nivel emocional, cuando el chico no recibe afecto, estimulación, apoyo y protección necesarios para cada momento de su evolución.
Síndrome de Munchaussen por poder: los padres someten al niño a continuas exploraciones médicas, suministro de remedios o ingresos hospitalarios a partir de razones mentirosas.
Maltrato institucional: cualquier legislación, procedimiento, actuación y omisión de los poderes públicos que viole los derechos básicos del niño, el adolescente y la infancia.

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